Mi fantasía es delicia, mi libertad es claustrofóbica,
Es dolencia, exacerbación; con una afilada navaja vuelvo a abrir mi antigua cicatriz.
Cubierta en sangre policroma, me ahogo, me sofoco y mi corazón se precipita, suplica agónico mi perdón.
Puedo ver los senderos, que conducen a edenes inundados de lujuria, de apasionamiento e idolatría, luminiscencia arrebatadora y fascinante, lobreguez venerada, sumisión. El más enfermizo enamoramiento perturbador.
Me eximo la vida, mi alma se llena de mordaz gracia, pude acercarme y apreciar, evidenciar a la mas veraz de las verdades.
Perdón, tan solo soy otra fatalista.
Perdón a mi mismo. ¿Por qué no puedo dejar de jugar? ¿Por qué no logro entender que yo soy yo?
Que mi muerte es segura, mas mi vida no lo es, atormenta mi existir.
Virtud, dulzura, te admiro. Virtud, dulzura no eres más que piel y ojos, formas y colores. No eres más que el reflejo de tu etérea esencia palpable, clara y luminosa, simplemente compleja, laberínticamente genuina. No eres más que todo lo que puede ser alguno anhelar ser, sin ninguna ambición de serlo.
Eres lo que quieres ser, quieres lo que eres
Sin serlo, ya eres.
Contigo, la nada y el todo no existen, pues hay una nueva entidad mucho más lejana, mucho más cercana, más ficticia, más real: Vos
Virtud, dulzura, suspiro melodías de ensueño por ti.
Tanto quisiera ser vos, así abrazarte desde tu interior.
Desde mi intrincada, sofocante y flagelada agonía, poder envolverme en tu encanto atenuante, rebalsado, inexplicablemente te deseo, me derrito, enloquezco, me desenfreno y regocijo en imaginaria ternura.
Me detesto, no puedo querer.
Me perdono, me quiero. Cuánto extraño que nunca te viví....
Me consumo.
Anabel C.
Calculadora IFTS 13
Hace 8 años



